El hombre lucía una boina de hilo blanco, tejida con trama gruesa y detalles en lila. Los lunares de cabellos grises y blancos, se habían instalado en la barba, las patillas y, aún, no habían ganado la melena abundante y renegrida que escapaba de la boina.

Llevaba un buzo, que en la espalda, tenía el isologo de un apellido vasco muy reconocido por la cría de caballos de polo y de carrera. La mujer era mucho más baja que él, llevaba un buzo de poliéster muy florido; como si el diseñador del estampado se hubiera empeñado en demostrar su absoluta ignorancia sobre jardines ni flores y toda su ciencia se viera reducida a amontonar todo, regado de colores.
Ascendieron al colectivo de la línea 2, en Ameghino y España, con varias bolsas colgando de las manos. Apenas se sentaron a la par, la mujer del lado de la ventanilla, intercambiaron brevemente unas palabras en voz baja. (Tantas veces mi curiosidad se inquietó por la disposición que asumimos en la vida cotidiana. Por ejemplo, si esta posición en los asientos del transporte de pasajeros estaría relacionada con épocas en que el caballero, cuando se usaba espada, iba del lado externo de la vereda y, la dama, pegada a la pared. Como se sabe, esto tenía algo de egoísmo, porque la mujer quedaba expuesta a que la alcanzara algo que cayera desde una pared inconstante, o el propio muro, y que por las aberturas de las construcciones se arrojaran, con fortuna, agua jabonosa de un pediluvio).
En fin, en el ómnibus, la pareja acomodó las bolsas de las compras entre las piernas, y ella dispuso lo más delicado en el regazo. Los distrajo, un momento, que alguien estornudara a sus espaldas y a la mujer pareció causarle gracia esa explosión tan plena; giró la cabeza para hallar al autor y lo halló, con el pliegue del codo izquierdo a la altura de la boca, en un intento de atenuar el estallido. La mujer mantuvo la sonrisa, desde que percibió el ruido, pero luego de corroborada la situación, recuperó la complexión.
La mujer petisita y el hombre de la boina retomaron el diálogo casi cifrado. Advertí que sus pensamientos coincidieron en un paquete que ella tenía en la falda. Era una envoltura de celofán con la boca abierta. La mujer se ayudó con la mano izquierda para girarlo y, a la luz mortecina del interior del colectivo, leyó claramente: Tomillo. Continuó rotándolo y así observó que requería poco riego, pleno Sol y podía ser utilizado para condimentar preparados con carnes de ave, cerdo y vacuno.
En dos asientos posteriores, una pareja de mujeres discutía, con un tono alto, sobre la ratio penal y el cine nacional como aportantes de valores que en el día a día se esconden, o los escondemos. Yo no podía determinar por qué.
La reflexión fue truncada por un teléfono móvil que insistía en obtener la atención de su portante, recordándole quién era el dueño. Con nitidez se escucharon las voces de Paul Simon, Art Garfunkel y Andy Williams entonando Scarborough Fair1: “Parsley2, sage3, rosemary4 and thyme5…”
El hombre de la boina inclinó la cabeza y echó una mirada al envoltorio. También leyó: tomillo. Su mujer murmuró algo. Entonces, él, se estiró, disimuladamente, y le dio un beso en el hombro. Ella llevaba la planta de tomillo estrujada entre las manos curtidas por la vida.

Scarborough Fair por Andy Williams, Paul Simon y Art Garfunkel

Scarborough Fair por Paul Simon y Art Garfunkel

Letra traducida de Scarborough Fair (De Wikipedia en español)

(Ambos)

¿Vas a la feria de Scarborough?
Perejil, salvia, romero y tomillo.
Dale recuerdos a alguien que vive allí,
a aquella que una vez fue mi amor verdadero.

(Hombre)

Dile que me haga una camisa de lino.
Perejil, salvia, romero y tomillo.
Sin costuras ni finos bordados
y volverá a ser mi amor verdadero.

Dile que la lave en aquel pozo seco.
Perejil, salvia, romero y tomillo.
De donde nunca surgió agua ni lluvia alguna cayó,
y volverá a ser mi amor verdadero.

Dile que lo seque sobre aquel espino
Perejil, salvia, romero y tomillo.
Que nunca ha florecido desde que Adán nació,
y volverá a ser mi amor verdadero.

Pídele que lo haga por cortesía.
Perejil, salvia, romero y tomillo.
Y dile que a su vez me pida ella un favor a mí,
y volverá a ser mi amor verdadero.

(Ambos)

¿Has estado en la feria de Scarborough?
Perejil, salvia, romero y tomillo.
Dame noticias de alguien que vive allí
de aquel que una vez fue mi amor verdadero.

(Mujer)

Pídele que me consiga un acre de tierra.
Perejil, salvia, romero y tomillo.
Entre el agua salada y la arena de la playa,
para que vuelva a ser mi amor verdadero.

Pídele que lo are con un cuerno de cordero.
Perejil, salvia, romero y tomillo.
Y que lo siembre todo de una sola pimienta,
para que vuelva a ser mi amor verdadero.

Pídele que lo siegue con una hoz de cuero.
Perejil, salvia, romero y tomillo.
Y que lo recoja con una cuerda de brezo,
para que vuelva a ser mi amor verdadero.

Cuando lo haya hecho y acabe su trabajo.
Perejil, salvia, romero y tomillo.
Pídele que venga por su camisa de lino,
que vuelva a ser mi amor verdadero.

(Ambos)

Si dices que no puedes, entonces te responderé.
Perejil, salvia, romero y tomillo.
Oh, hazme saber que al menos lo intentarás,
o nunca serás mi amor verdadero.



  1. Scarborough Fair, puede ver en Wikipedia la información sobre esta antigua canción. ↩︎

  2. Perejil ↩︎

  3. Salvia ↩︎

  4. Romero ↩︎

  5. Tomillo ↩︎