Ayer leía sobre la muerte de John Young y Holly Butcher.

Young, astronauta estadounidense, falleció el 5 de enero de este año, a los 87 años de edad, tras sufrir complicaciones en una neumonía que le aquejaba. Butcher falleció el 3 de enero pasado, y al día siguiente su familia divulgó en las redes sociales una carta que había escrito cuando se enteró que sufría sarcoma de Edwin, una variedad de cáncer óseo que la llevó a la muerte.

La carta de Butcher “logró en pocas horas más de 10.000 likes (me gusta, en la jerga de las redes sociales), 2.300 comentarios y 8.000 compartidos”, y luego llegó a los medios de comunicación. En tanto, la muerte de Young generó declaraciones de la NASA, a la que se unió en 1.962, y de sus colegas astronautas, así como del público en general. En el texto de Butcher, una especie de diario desordenado con anotaciones sobre lo que consideraba de poco valor o muy estimable, la joven señaló: “Los días pasan y solo esperas que sigan viniendo, hasta que pase lo inesperado. Tengo 27 años ahora. No me quiero ir. Amo mi vida.” No he leído cartas o libros escritos por Young, sólo algunas declaraciones seleccionadas por la NASA. De ellas, elegí sus dichos en 2004, cuando se retiró de la agencia espacial de Estados Unidos: “Pienso que he sido muy afortunado”; y aseguró que “me gustaron todos”, cuando le pidieron que eligiera un momento destacado de su vida como astronauta. En ese mismo artículo, lo citan refiriéndose al descenso en la Luna, en la misión Apolo 16: “La Luna es un lugar muy bonito. Cuando descendimos, estábamos 20 minutos retrasados. Como el tiempo en la Luna es tan valioso, lo que más recuerdo es que tratábamos de recuperarlo.”

¿Por qué seleccioné estas frases, y no otras? Una joven y un hombre maduro (Young descendió en la Luna con 42 años), se refieren al tiempo. Una, asomada a la posibilidad de la muerte vinculada con una enfermedad, el otro, con todas las facultades mentales y físicas disponibles que lo llevaron a haber estado 6 veces en el espacio exterior, con 835 horas acumuladas en sus misiones. Además de haber sido el noveno hombre moderno en haber pisado la Luna, inauguró los vuelos de los Transbordadores Espaciales, las misiones Spacelab, y es el único estadounidense en haber comandado 4 naves espaciales diferentes: la Géminis, la Apolo 16, el Módulo Lunar Apolo y el Transbordador Espacial.

La carta de Butcher recibió miles de likes, la muerte de Young algunas reflexiones; entre ellas las de alguien que dijo que los pioneros espaciales modernos “se nos están yendo demasiado rápido” (porque seguramente, quien se lamentaba, recordaba las muertes en 2017, de Gene Cernan (en enero), Bruce McCandeless II y Piers Sellers (en diciembre), a la que podríamos sumar la del cosmonauta ruso Igor Petrovich Volk (enero de 2017)). O porque hizo una suerte de transferencia: aquellos están muriendo aceleradamente, por lo tanto, yo también. Aunque no sea pionero espacial.

Cuando nos enfrentamos a la muerte, de manera cercana, me vienen a la mente, al menos, tres cosas:

  • Una muy simple, que en menos de tres minutos resume la situación de quien es víctima del arrebato de la Muerte: el tango Sus ojos se cerraron, de Carlos Gardel y Alfredo Lepera. Allí, Lepera sentenció, entre otros términos relativos al asunto:

"Yo sé que ahora vendrán caras extrañas

con su limosna de alivio a mi tormento.

Todo es mentira, mentira es el lamento.

¡Hoy está solo mi corazón!

El poeta, de un lado del espejo de la Muerte, lamenta la pérdida, la inexorable etapa de los humanos. Del otro lado del espejo: el resultado implacable del destino humano.

Algunos pretenden/pretendemos huir de este destino. O queremos postergarlo todo el tiempo que podemos. De ahí la conexión que sugería entre la reflexión de Butcher: “tengo 27 años, no quiero irme ahora.” Y la de Young: “estábamos retrasados; queríamos recuperar tiempo a toda costa.”

  • La épica de Gilgamesh, el rey longevo o inmortal, que enfrenta la realidad de la muerte de su amigo Enkidu, quien desciende al inframundo y luego regresa. (Aunque para algunos no está claro si en forma de espíritu o como alguien que vuelve a nacer, puede pensarse que el hecho que Enkidu emerge de un agujero en la Tierra - una de las acepciones -, significa que la Tierra lo parió).

  • La historia de un poderoso señor persa y la de su criado con la Muerte, y cómo se desenvolvió el asunto según la visión de Jean Cocteau):

"Érase una vez, en la ciudad de Bagdad, un criado que servía a un rico mercader. Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercado para hacer la compra. Pero esa mañana no fue como todas las demás, porque esa mañana vio allí a la Muerte y porque la Muerte le hizo un gesto. Aterrado, el criado volvió a la casa del mercader.

—Amo —le dijo—, déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. Esta noche quiero estar en la remota ciudad de Isfahán. —Pero ¿por qué quieres huir? —Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.

El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo y el criado partió con la esperanza de estar por la noche en Isfahán.

Por la tarde, el propio mercader fue al mercado, y, como le había sucedido antes al criado, también él vio a la Muerte.

—Muerte —le dijo acercándose a ella—, ¿por qué le has hecho un gesto de amenaza a mi criado?

—¿Un gesto de amenaza? —contestó la Muerte—. No, no ha sido un gesto de amenaza, sino de asombro. Me ha sorprendido verlo aquí, tan lejos de Isfahán, porque esta noche debo llevarme en Isfahán a tu criado”

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Al igual que una inmensa mayoría, la joven visualizó la posibilidad de la muerte. La mayor parte de los humanos olvidamos, o queremos olvidar, que como señaló Plinio el Viejo: venimos a morir. (Se le atribuye la frase cuando su sobrino Plinio el Joven le pidió que no encabezara la flota para salvar a sus amigos y a otras personas de la erupción del volcán Vesubio. Y allí halló la muerte a los cincuenta y tantos años).

Antiguas teorías difundidas por Maestros de Vida precisan que los Atlantes tenían una percepción tan desarrollada, que el pasaje entre la vida y la muerte, y los ciclos sucesivos, era como dormir y despertar. Esos mismos Maestros señalan que vivir y morir son como las etapas escolares, tan conocidas por los humanos actuales, con un comienzo (el nacimiento o reencarnación) y un final (la muerte), con etapas de aprendizaje entre ambos puntos. Y el avance, o repitencia, de los cursos, según el caso.

Creo en estas Enseñanzas, cuya consecusión me llevará varios cursos, o reencarnaciones en este planeta.

¿Por qué no creer en esta posibilidad? Hasta de una manera egoísta e interesada podría decirse que es una opción más probable. Si la vida es sueño, como indicó Calderón de la Barca, ¿por qué el sueño acabará para siempre? O ¿por qué no?. ¿Cuál es Vida? ¿Y cuál es sueño?

Concluyo, es un modo de decir, con el primer verso de Noche Oscura, de San Juan de la Cruz:

En una noche oscura,

con ansias, en amores inflamada

¡oh dichosa ventura!,

salí sin ser notada

estando ya mi casa sosegada.


Quiero agradecer a los maestros que tuvieron gran paciencia conmigo: MAP, José Jesús N., Lily M.; de los que aprendí personalmente. Y a D.S.B, José G.M., Ramón M.S., a quienes fui introducido por MAP. Gracias.