Tocaste mi corazón

Tocaste mi corazón, con Tu mano y quedó herido. Herido está, de hecho. Y es tan sutil y profunda Tu presencia que nadie la comprende. Ni la razón, la ciencia, la fuerza del enamoramiento. Está allí, transida, fuego que arde con llama invisible, fuego que anida sin ser comprendido. Porque parezco muerto, inerme, y estoy vivo mientras menos complazco mis sentidos. Agridulces latidos, dolor inmenso que no urge. Solo permanece, estático

La mano maestra en la llama

¿Cómo explicar que en medio del ensimismamiento, había perdido de vista que la llama de la candela estaba a punto de extinguirse?