La verdadera rosa del desierto

Líneas dibujadas en la superficie del desierto, por vientos poderosos que cambien con su orientación las figuras que observamos. El 4 de abril de 2.016, astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional, captaron esta imagen de una parte de las dunas del Gran Erg Oriental. Crédito de la imagen: NASA/JSC

Líneas dibujadas en la superficie del desierto, por vientos poderosos que cambien con su orientación las figuras que observamos. El 4 de abril de 2.016, astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional, captaron esta imagen de una parte de las dunas del Gran Erg Oriental. Crédito de la imagen: NASA/JSC

Hay una rosa del desierto.
Con vestiduras blancas.
Auxilia a los viajeros perdidos, condenados.
A los sedientos, extraviados, envueltos en las
sofocantes tormentas de arena.

Deja el castillo, la ciudadela, y va al rescate
de los desamparados. Lloro al pensar en ella,
sus escuderos le aconsejan dejar a los pobres
infelices librados a la ley del desierto.

Ella es la verdadera rosa del desierto.
Eligió recorrer los valles en busca de quienes
nos lamentamos perdidos en las
ilusiones de nuestras tormentas de arena.

La verdadera rosa del desierto,
con sus vestimentas albas, el
néctar salvador en sus alforjas,
acude en nuestro auxilio.

¡Auxílianos, Señora del Desierto!
Somos viajeros, peregrinos.
Ella nos busca, nos recuesta en
su regazo, y nos asiste.

Ella es la verdadera rosa del desierto.
La Madre Abbhumi recorre los milenios.
Nos da cobijo e impulsa nuestros pasos.
Los velos blancos protegen los misterios.

Desciende del cielo.
De su castillo milenario.
Observa que perdemos el camino.
Se compadece y nos da su amor simple,
desconocido para los humanos.
Nos protege. La verdadera
rosa del desierto.

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